NADA PUEDE ENCERRAR NUESTRO PROPIO CANTO



      Nuestra creatividad no la puede encerrar nadie, salvo nosotros mismos cediendo el poder de nuestra vida a creencias limitantes. El creernos víctima de las circunstancias es fruto de haber “elegido” no confiar en nuestro poder creador.
      Los millones de parados esperando que aparezcan empresarios que creen empleo no los mantiene, en última instancia,  la crisis en su situación, sino el hecho de haber sido educados en unas creencias que han velado su creatividad, haciéndoles aceptar que ellos no pueden ser dueños de su futuro. La educación tiene tanto poder y es tan omnipresente en nuestra vida y en todos nosotros que llega a tornarse invisible, como el agua para el pez. Por eso, el educador tiene en sus manos grandes posibilidades para ayudar a construir una nueva humanidad, en la que las personas no renuncien a su don más preciado: la creatividad. 
   



      Escribir las notas de la música de nuestra propia danza de la vida no es algo que nos puedan impedir nuestras circunstancias, pues los barrotes más fuertes no pueden limitarnos en nuestra libertad como creadores, nada ni nadie puede secuestrar nuestra imaginación salvo ella misma imaginando lo contrario. Somos seres poderosos que hemos dedicado nuestro poder a sentirnos pequeños, empleando la dualidad, la división, para conseguirlo.
      La poesía que hemos creado lo deja entrever cuando sentimos a través de ella el poder de nuestras emociones, las cuales nuestro ego llega incluso a temer. Dentro de nosotros hay un caballo salvaje esperando ser guiado por la sabiduría de nuestro corazón, mientras tanto hemos dejado que nuestras creencias limitantes lo monten y ¡claro! el caballo se subleva, se encabrita … intuye que su jinete no sabe por dónde va … ni a dónde se dirige.
     Ninguna circunstancia ha de impedirnos ser nosotros mismos, por la sencilla razón de que no tiene el poder de cambiar nuestra esencia, nuestro canto. En el fondo, podemos decir que “yo soy más que mis circunstancias”, si así lo siento nunca seré sus prisionero: … ¿qué jaula puede encerrar el canto del pájaro …? 
  




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